El topless es una experiencia habitual en las piscinas de Picornell en Barcelona, ​​en una foto de archivo.MASSIMILIANO MINOCRI

Vimos la última campaña del Sección de Feminismos e Igualdad de la Generalitat de Catalunya hace unos días, coincidiendo con la celebración del Día Mundial del Topless: “Que tengas que taparte el pecho no es ordinario, es discriminación. Por eso, en el Día Mundial del Topless, te recordamos tus derechos”.

He tenido que verla dos veces, lo confieso.

No solo porque no son pocas las piscinas públicas donde está prohibido nadar en topless; ni porque en el mismo video que reclama la presencia de las tetas, lo que muestra es un pezón masculino, afirmando que es “de balde”.

Pero lo que más me impresionó es recapacitar que hace unas semanas el propio Gobierno nos educaba con una infografía explicando el uso y los nombres de los velos islámicos que, por supuesto, solo usan las mujeres.

Porque no sé lo empoderador que es ir en topless, una experiencia, encima, más de lo habitual en nuestras playas y que ya hacían nuestras madres (sé que nuestras abuelas no, no me llaméis nostálgica, solamente estado haciendo 50 primaveras).

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Vamos, que he tenido que ver dos veces la campaña, porque la mayoría de las mujeres hacemos lo que nos da la anhelo en la playa, sin el consejo del mentor, y ese, me temo, no es el problema. El problema son esas mujeres que, evidentemente, no pueden hacer lo que les gusta, ya ellas, yo diría, no se debe dirigir esto, sino una campaña específica -quizás en catalán, castellano, inglés y árabe-.

Porque me parece mentira que no piensen en todas esas mujeres que, como diría Pujol, son catalanas porque viven y trabajan aquí y que además deberían tener el apoyo de las administraciones para deshacerse de hiyabla chador… prendas que, le remembranza a la consejera, sexualizan y discriminan a las mujeres, aunque en algún otro municipio catalán se ha celebrado y reivindicado su uso, además de la mano de ERC.

Dirán que mezclo temas, o me llamarán islamófobo, pero la verdad es que el mismo convocatoria a la excarcelación corporal que hace la Generalitat debería implicarnos a todos, porque el uso de una prenda como la hiyab No es fruto de la librado audacia de las mujeres, sino de la imposición patriarcal, por lo que sorprende que este gobierno haga campaña a valenza de la experiencia de los toples y ni siquiera mencione el uso de hiyab que, por cierto, cada vez es más frecuente en nuestras playas y piscinas. Parece que lo flamante no es hacer lo que una mujer quiere, sino enseñar los pechos porque la Generalitat dice que eso es permiso y taparse el pelo porque el imán lo exige y la Generalitat dice que es multiculturalidad. Y los dos con patrocinio divulgado.

Lo feminista, señora consejera, no es aconsejar que nos quitemos la parte de en lo alto del bañador, sino atreverse a reivindicar los derechos de las mujeres, de todas las mujeres, y combatir contra todas las formas de opresión y discriminación. Claro que eso, supongo, da más dolores de persona que aplausos vacíos.

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