“Este nuevo médico que nos han recomendado demuestra que sabe. ¡Qué tranquila me ha dejado! Vamos a hacer lo que nos diga”, le comentas a tu pareja al salir de la consulta. Dejas tu teléfono en manos de un informático: “No he entendido carencia de lo que ha dicho sobre lo que le puede producirse al móvil. Señal de que sabe. Se lo dejo a él y verás como me lo devuelve arreglado». Dos situaciones cotidianas en las que depositamos toda nuestra confianza en desconocidos. Hasta el punto de dejar poco tan importante como nuestra vitalidad o nuestro maquinaria más preciado en sus manos. manos.

¿Cómo es posible que alguno que acabamos de conocer nos pueda dar tanta credibilidad? La razón hay que buscarla en nuestra propia historia como animal de manada, que se agrupa en tribus. Puede que la tecnología haya evolucionado a lo amplio de miles de abriles, desde las cavernas hasta nuestros días, pero las estructuras sociales, las formas de relacionarse y los pensamientos primitivos siguen presentes en nuestra mente, según el antropólogo francés Claude Lévi-Strauss.

En los casos anteriores hemos ido a ver al chamán de la tribu. Al MAGO. Nos convencemos de que estamos en presencia de una dificultad para la que no disponemos de capital. Que nos faltan conocimientos más allá de los que tenemos para seguir avanzando con nuestra historia individual. Por eso recurrimos a una persona que, para nosotros, tiene conocimientos arcanos, extraños, ajenos. Ese mago nos va a dar la fórmula, la decisión para seguir con nuestra vida.

La esencia de la confianza que nos genera inconscientemente es simbolizar la arquetipo de mago. Por eso hay médicos, consultores o informáticos en los que confiamos más y otros en los que confiamos menos. Si encarnan en su forma de comunicarse y en su forma de relacionarse con nosotros ese arquetipo primigenio que está en nuestro subconsciente tribal, les daremos toda la credibilidad. Pero no solo hay magos. Hay mensajeros, héroes, trileros, guardianes, madres…

Los arquetipos fueron intuidos y formulados por el psiquiatra suizo Carl Jung a mediados del siglo pasado, pero fue el antropólogo estadounidense Joseph Campbell, en su estudio de mitología y religiones comparadas, quien cristalizó los arquetipos de Jung en personajes que se repetían en todas las culturas. y religiones él los describió en su compendio el delirio del héroe.

Reproducir esos patrones claramente en la misma situación y en presencia de la misma audiencia permite que esa audiencia nos brinde todas las cualidades de nuestro arquetipo, para activar esos patrones de pensamiento primitivos. Por eso confiamos en lo que nos dice el médico mago o el mago informático, aunque no entendamos una sola palabra. En el momento en que se está comunicando con nosotros, nuestro inconsciente primitivo se encuentra con el chamán de la tribu y, a través de él, con un conocimiento enigmático que está más allá de nuestra comprensión, pero cuya aplicación, sabemos, lo arreglará. Está incorrecto.

La comunicación basada en arquetipos, comunicar como nuestro arquetipo, igualmente se aprende, como he podido comprobar desde 2005. Es un proceso de libertad y mejora del talento que consiste en hacer conscientes esos patrones y descubrirlos. Cachear las situaciones en las que nos demanda cada uno de ellos y educarse a encarnarlas. Identificar cuál o cuáles son los arquetipos a partir de los cuales cada persona puede comunicarse mejor y convencer al notorio de ello.

Alberto García-Casillas es un desarrollador de la comunicación basada en arquetipos.

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