La primera parte del año fue la peor para los mercados financieros en más de medio siglo. Hacía mucho tiempo que las acciones y los bonos no se comportaban tan mal al mismo tiempo. Adicionalmente, con el aumento de las tasas de interés y la inscripción inflación, obtener rendimientos reales positivos se ha vuelto casi difícil. La parte central del verano ha sido un oasis. Más adecuadamente el espejismo de un oasis. Con las bolsas recuperando buena parte de las pérdidas. Pero lo que se avecina para la última parte del año es más que desafiante. Y los gerentes y banqueros cada vez encuentran menos opciones donde despabilarse cobijo para el cuartos de sus clientes.

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La entrada de activos ilíquidos

Los bancos privados lo tienen claro: si los inversores quieren tener un poco más de rentabilidad y descorrelacionarse de los mercados cotizados, deberían destinar parte de sus carteras a productos ilíquidos. Los fondos de caudal peligro (que invierten en empresas no cotizadas), los fondos de deuda privada, los fondos de impacto y los dedicados a start-ups están creciendo con fuerza. Suponen no poder disponer del cuartos durante un periodo de siete a nueve abriles. Pero la rentabilidad obtenida suele compensar.

Hasta ahora, este tipo de inversión estaba reservada a clientes con un patrimonio elevado, ya que la inversión mínima suele exceder los 100.000 euros. Pero cada vez son más las entidades que buscan fórmulas para acercarlas a todo tipo de clientes.

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