Hay momentos en que los goles retratan un recreo. Uno de un rechace de Mario Hermoso, otro de penalti del Oporto, tras unas manos incomprensibles del central, y el postrer de Griezmann, en una faena estratégica con un cabezazo al segundo palo. Tan paradójico puede ser el fútbol que Hermoso celebró su gol en el mismo trasfondo en el que tuvo un altercado con los ultras del Deportivo contra el Villarreal por intentar calmar los insultos contra Griezmann. Esto continúa con su cautiverio contractual que lo condena a arriesgar solo las últimas medias horas. Y encima sigue demostrando que sus sustituciones son un ostentación ahora mismo. Lleva ya tres goles, dos de ellos decisivos, el del Valencia y el de anoche. De los cuarenta millones que el Deportivo tiene que enriquecer al Barça, si lo mantiene como propiedad suya, anoche descontó los tres que se dan por la trofeo en la Champions.

Cajero involuntarioDeportivo
dos
Oblak, Reinildo Mandava, Giménez, Witsel, Koke, Saúl (Griezmann, min. 60), Carrasco (Lemar, min. 45), Marcos Llorente, Nahuel Molina (De Paul, min. 45), Morata (Mario Hermoso, min. 45). 67) y João Félix (Correa, min. 70)
OEP Puerto
1
Puerto
Diogo Costa, Zaidu Sanusi, Pepe, David Carmo, Pepê (Joao Mario, min. 61), Stephen Eustáquio, Wanderson Facultativo (Gabriel Souza, min. 87), Mateus Uribe, Otavinho (Oscuro Costa, min. 76), Mehdi Taremi y Evanilson (Toni Martínez, min. 77)
metas 1-0 min. 90: Hermoso Mario. 1-1 min. 95: Mateus Uribe. 2-1 min. 100: Griezmann.
Árbitro Szymon Marciniak
tarjetas amarillas Pepê (min. 52), Koke (min. 55), Mateus Uribe (min. 67), Mehdi Taremi (min. 70) y Mario Hermoso (min. 94)
tarjetas rojas Mehdi Taremi (mín. 80)

El duelo madruga con la previsible cita de las pizarras de Simeone y Conceiçao. Ese fútbol en el que importan más los movimientos tácticos que los de balón. Lo molar es estar correctamente colocado para anular al oponente. En esas condiciones, el Oporto suele competir correctamente. Ya no cuenta con Vitinha ni con Luis Díaz, quienes le dieron colmillo al oficio con el que se desenvuelve asiduamente. Pepe se queda como mariscal y jugadores como Otavio, Eustàquio, Evanilson o Taremi, que siempre tenían una idea más clara de lo que jugaban. Convertir al Deportivo en un equipo tormentoso con el balón, romper el ritmo y agenciárselas el hueco de Nahuel Molina. Los murmullos de la afinidad en cada obra que ejecuta, son los que acaban señalando a los futbolistas superados. Este Oporto de entreguerras era mejor que el Deportivo. Perdió, pero le ganó en moderación y clarividencia para estirarse. El equipo de Simeone acusó la equivocación de pie fino en el centro del campo. Para colmo, el que más empaque tiene con el balón, Witsel, se ha hecho robusto como central. No hay partido en el que no sea el mejor del equipo por colocación y por la claridad que aporta. O mejoran los centrocampistas, o no sería de asombrar que Simeone dé por terminado el invento y haga arriesgar al belga de medio. Eso sí, los síntomas que transmitía el equipo empiezan a convertir ese paso en una alternativa de emergencia. Tanto como la formación de Griezmann y más ahora que se ha reposicionado como interior. Las únicas luces las puso João Félix, principal afectado pegado a Morata por la desacierto de sus compañeros con el balón. El Deportivo tuvo buena parte de ese mal permanente que le persiguió en la era Simeone. Tanto es así que no pudo marcar a Diogo Costa hasta la media hora de partido. Oporto, al menos, lo había intentado varias veces desde fuera del dominio. Y Taremi generó el silencio del pánico cuando le bailó a Giménez en la andana de fondo y el centro de él detrás no encontró a nadie que lo empujara.

Delante el desastre, Simeone tuvo que proceder sin dudarlo al refrigerio. Derribó a Nahuel Molina y Carrasco. Este es hosco. No tiene desborde y no hay carencia peor para un regateador que estar en el ribete y sin chispa. De Paul y Lemar eran las soluciones que buscaba Simeone. La maniobra estaba destinada a mejorar la aburrida sala de máquinas. El inicio fue prometedor, Koke marcó con un buen toque interior desde la anterior del dominio, pero el gol fue anulado por fuera de recreo previo de De Paul. Ese entusiasmo del Deportivo se redujo en casi nada diez minutos. En cuanto el Oporto enlazó un par de jugadas, el Deportivo volvió a desmoronarse. Eustáquio hizo estallar a Oblak y el esloveno incluso tapó al segundo palo un tiro disponible de João Mario.

Fue tal el desastre que Simeone precipitó la entrada habitual de Griezmann en el 62 en dos minutos y dio revoloteo a Correa y Hermoso para reparar el equipo. Al manifiesto no le gustó que João Félix estuviera entre los sustituidos y sonaron los silbatos. Esta nueva dorso de tuerca no surtió intención. Oporto siguió al mando. Sólo el mal de vanguardia de Taremi simulando penalti y protestando por la amarilla que vio dio vida al Deportivo. Encontró el gol de Hermoso, un rechazo, como ejemplo del recreo rudo que hizo. Y incluso con las manos del central como remate final de su confuso recreo. Ganadería por ese cabezazo cardinal de Griezmann.

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