Las instituciones comunitarias siguen contra las cuerdas frente a una inflación que ya supera el 9% en la zona euro, el nivel más detención desde la fundación del plan europeo. Bruselas sigue buscando fórmulas para templar el impacto del falleba del válvula del gas ruso en el saquillo de los ciudadanos. Y, a la calma del paquete de medidas que acuerden los ministros de Energía de la UE, el Porción Central Europeo (BCE) escudriñamiento frenar este jueves la rápida expansión de la subida de los precios de la cesta de la operación y evitar una bucle inflacionaria alimentada por una subida de salarios o márgenes comerciales. La depreciación del euro frente al dólar, que agrava las tensiones inflacionarias, presiona más a la institución que preside Christine Lagarde: los mercados dan por sentado que realizará una movida agresiva, incluso abrupta, con una subida de hasta el 0,75%.

El BCE anunció el fin de la era de tipos negativos el pasado mes de junio en Ámsterdam. El consejo de gobierno de la entidad decidió entonces poner fin a los planes masivos de operación de deuda y comenzar con una subida progresiva de tipos, que en principio debería partir del 0,25%. Sin incautación, solo un mes posteriormente, dejó de costado este enfoque escalonado y decidió subir el precio del fortuna en medio punto a pesar de las reticencias del sector más escéptico del Eurobanco.

La inflación siguió creciendo en la zona euro en agosto hasta el 9,1%, la más inscripción desde la creación de la moneda única. Los precios escasamente bajaron en España. En los países bálticos, esa tasa superó el 20 %; en Holanda alcanzó el 13,5%; y Alemania se dirige a los dos dígitos en el otoño. El ala dura del BCE, encarnada por Isabel Schnabel, en esta ocasión escasamente ha enfrentado respuesta a sus propuestas de efectuar con energía. Al menos en notorio. Solo el autoridad helénico, Yannis Stournaras, ha despabilado contra los movimientos abruptos y ha pedido cautela, mientras que Lane, manido como moderado, ha pedido que se dé un paso a la vez. Pero no ha habido más movimiento. «El hecho de que no hayamos escuchado mucho del ala pacifista [más laxa] sugiere que la concurso es débil”, dice Gilles Moëc, economista principal de AXA Investment Managers.

Tras el cónclave de banqueros centrales en Jackson Hole (EEUU), los analistas creen que el BCE no quiere quedarse tan a espaldas de la Reserva Federal y el Porción de Inglaterra. Hasta ahora, el principal aventura de subir tipos era un aumento de la deuda soberana de los países periféricos, entre ellos Grecia, Italia y España. Solo el anuncio de que el precio del fortuna iba a subir ya disparó las primas de aventura. Sin incautación, el BCE tiene dos armas para frenar estos desequilibrios: las reinversiones de deuda, que ya se están haciendo a su antojo, y un nuevo aparato para evitar crisis de deuda, el TPI (por sus siglas en inglés de Útil de protección de transmisión). Este mecanismo permite al Eurobank comprar bonos de un país que sufre los ataques de los mercados si cumple con las reglas fiscales, los compromisos del plan de recuperación y no tiene desequilibrios graves.

Sin pertenencias de segunda ronda

El otro gran aventura es que los bancos centrales contribuyan a una recesión que anhelo ámbito con el falleba del gaseoducto Nordstream 1. El cárcel de inversión Nomura cree que la crematística ya ha comenzado a deprimirse en Europa y no ve salida hasta el primer trimestre de 2023. Entre las razones que cita están el mengua crematístico en Estados Unidos y la desaceleración en China, los pertenencias de la querella en Ucrania y el pérdida de las condiciones financieras.

Los analistas esperan una subida mínima del 0,5%, aunque el consenso se ha ido desplazando hasta el 0,75%, con lo que las tasas estarían ya entre el 1% y el 1,25%. “Ahora nuestra expectativa es de una suba de tasas de 75 puntos básicos en septiembre”, dice el postrero mensaje de la entidad. “Esperamos un movimiento de 75 puntos básicos”, coincide Möec de AXA Investment Managers.

El BCE, sin incautación, ya ha optado por combatir la inflación frente a la recesión. Este jueves el BCE dará nuevas proyecciones de crecimiento y precios hasta 2024. La entidad aún no ve que la inflación se traslade a las negociaciones salariales. Según los datos que maneja la institución, los salarios en la zona euro crecieron un 2,14% en el segundo trimestre del año (a principios de año crecieron un 2,84%).

Aun así, por ahora no se vislumbra el pico de la subida de precios. Lane ya adelantó en un fresco discurso en Barcelona que la subida de precios se mantendrá «elevada» a corto plazo, sobre todo por «la veterano presión alcista de los costes energéticos (sobre todo gas y electricidad) y alimentarios durante el verano».

El problema ahora se amplifica por la caída del euro frente al dólar. En el pasado, el tipo de cambio había sido motivo de preocupación en el BCE porque encarecía las exportaciones europeas. Ahora, sin incautación, es un dolor de capital todo lo contrario: los contratos de energía están denominados en dólares, por lo que la suma del gas o del petróleo es más cara. A principios de semana, el euro volvió a perder paridad e incluso cayó por debajo de los 99 céntimos, que es el nivel más bajo de las últimas dos décadas.

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