Remco Evenepoel, este sábado.Manu Fernández (AP)

Fue la sombra por un día, el regulador leve de los favoritos, el ciclista comedido con piernas de más, incluso el que ya se ajusta la corona porque sabe que es el vencedor de la Dorso a descuido del paso triunfal. Madrid. Remco Evenepoel, táctico e inteligente, demostró una vez más que no hay quien le pueda aturdir, acorralado y esos silbidos que decían que no estaba preparado para una Gran Dorso, que poco le faltaba, fuera fiabilidad, individuo o piernas. Suya es la notoriedad, el primer gran premio; difícilmente el extremo. «¿No hay champán?» Bromeó al entrar en la sala de prensa, abrumado por la emoción que le hizo gimotear tras cruzar la serie de meta. «¿Por qué no sería un corredor de Grand Tour?» replicó luego, orgulloso de su digno galardón.

Lo hizo en una etapa en la que casi nada sufrió, incógnito Enric Mas porque, dijo, le fallaron las fuerzas, sólo un ataque corto sin chispa, aunque siempre sin perder la cuerda. Así que al belga le preocupaba más entablar en corto a Supermán López porque perseguía el tercer puesto del podio, un objetivo fallido porque Ayuso, el imberbe del pelotón que debutaba en una gran reverso, siempre iba al rebufo, incluso capaz de pasar al final para cerrar la etapa del tercer puesto. El contendiente Arensman llegó ayer y Carapaz lo hizo primero, volviendo a vencer la etapa —tercera en esta Dorso—, señal de que tenía mucho más que ofrecer para la clasificación genérico, aunque sus ataques y triunfos han sido buenos, de esos que levantan la espectador desde el sofá.

La etapa que se presumía de piratas, por los ataques al ataque, se fue diluyendo con el paso de los kilómetros, pues los latigazos no pasaron de hacerle cosquillas a Evenepoel. Aunque el dominio era atronador, ya que un copioso río de ciclistas con camisetas de todos los colores se dio desde temprano en las sinuosas pistas del Puerto de Navacerrada, miles de aficionados que se irían sumando a raudales con el paso de los minutos. La Dorso en estado puro, la carrera que pone los pelos de punta, incluso la coronación de Evenepoel.

Era el día del querella final, el día en el que Movistar debía intentar atacar el pullover rojo. “Tenemos que brincar al ataque. Es país íntimo, la última vez”, reconoció Chente García Acosta, director deportivo de Movistar tras la charla con sus corredores en el autobús. Lo mismo pensaba Matxin, director de la UAE, por mucho que tuvieran que sujetar el tercer puesto de Ayuso: «Nunca hemos jugado a la defensiva, que se preocupen por nosotros». Aunque otros no lo tenían todo consigo, como su homólogo del Ineos, Xabier Zandio: “No estamos aquí para atacar. Aunque da complacencia ver a Carlos Rodríguez porque no se queja, tiene lesiones de la caída del otro día y lo va a notar físicamente”. Así fue, desmontado de las subidas y finalmente séptimo en la genérico.

Cuando se descorchó la primera montaña, siguieron los ataques, corredores en investigación de la notoriedad y ciclistas que harían de domésticos de los líderes, una batalla táctica, un rompecabezas a descifrar. Aunque UAE —con Marc Soler, siempre Marc Soler— y Movistar —con Mühlberger y, finalmente, Valverde en su despedida— no fallaron. Pero siquiera Evenepoel, que pronto no tuvo compañeros de equipo de Quick-Step a su banda, aunque estaba preparado. «Dormí mal por el estrés, por la tensión», reconoció ayer de marcharse de Moralzarzal; «Pero me siento presto para la batalla en el día más importante de mi vida». Y cumplió. “Aunque no tenía el cuerpo como la primera semana”, admitió.

Pero no se inquietó en el Puerto de Navacerrada ni en Navafría, ni en Canencia. Nadie le preguntó con ataques cómo estaba, Castilla es ancha. Pero cuando se alcanzó la penúltima montaña, la Morcuera, Movistar lanzó el órdago con Rojas, Valverde y Oliveira al frente, un ritmo infernal y una selección natural de los más fuertes. Duró poco y atacó a Mas, pero Evenepoel ni siquiera se levantó de la apero, cosió y cantó. Poco similar a los tres intentos de superhombre López, que lo intentó pero se quedó con las ganas. Y despejando el panorama, en el extremo puerto, el de Cotos y con singladura propicio, se deshicieron las ambiciones, todas satisfechas con el fin. Aquel en el que Ayuso se confirmaba como mucho más que una promesa; aquella en la que Enric Mas aclaraba que vuelve a ser él mismo frente a sus miedos a los descensos; y aquella en la que Evenepoel le explicó al mundo que es un vencedor.

Puedes seguir EL PAÍS Deportes en Facebook Y Gorjeoo regístrate aquí para cobrar nuestro boletín semanal.

DEJA UNA RESPUESTA

Por favor ingrese su comentario!
Por favor ingrese su nombre aquí