La angustiosa demora se convirtió en desilusión para los socialdemócratas en Suecia. Penitente Andersson, la primera ministra, ha anunciado su dimisión tras el cómputo este miércoles de cientos de miles de papeletas que estaban pendientes de confirmar la conquista del bando de la derecha en las elecciones del pasado domingo en el país escandinavo. Los escaños ganados por la extrema derecha, los conservadores, los democratacristianos y los liberales alcanzan la mayoría en el Riksdag (Parlamento). Suman 176 diputados, tres más que los cuatro partidos de la porción izquierda del portería parlamentario sueco.

A última hora de la tarde, con el 99,8% de los votos escrutados, Andersson reconoció en rueda de prensa la derrota del bando de izquierda. «El resultado ya está claro», ha notorio la mandataria, poco antiguamente de anunciar que este jueves presentará su dimisión como jefa de Gobierno al presidente del Parlamento, pero que seguirá al frente de su partido. Unos minutos antiguamente, Jimmie Akesson, el líder de la extrema derecha, escribió en Facebook: “Se acabaron ocho abriles de gobierno socialdemócrata. Ha llegado el momento de restaurar la seguridad y el bienestar en Suecia”.

El recuento de las últimas papeletas (voto en el extranjero, una parte de la anticipada y unas cuantas que depositaron algunos electores en mesas distintas a la que les correspondía) igualmente ha corroborado la sorprendido de la formación liderada por Akesson, Demócratas de Suecia (DS), sobre el Partido Moderado (conservadores), hasta ahora fuerza mayoritaria de ese espectro ideológico.

La conquista del bando de derecha augura una ardua negociación para la conformación del futuro gobierno. Los moderados, los democratacristianos y los liberales han defendido durante la campaña la opción de formar un Ejecutante de derechas con el apoyo parlamentario de DS. De forma tibia, la derecha tradicional (conservadores y democratacristianos) ha dejado caer la posibilidad de ofrecer alguna cartera ministerial a los extremistas. Sin incautación, Akesson reivindicó al final de la recorrido electoral un «papel central» en el futuro gobierno, poco que nadie de los otros tres partidos del bando parece dispuesto a hacer, especialmente los liberales. Desde 1932, el derecho solo ha regido en Suecia (10,3 millones de habitantes) en tres periodos: de 1976 a 1982, entre 1991 y 1994, y de 2006 a 2014.

Las negociaciones informales entre los partidos de derecha ya comenzaron este lunes, con el 95% de los votos escrutados y con un beneficio de solo 45.000 votos entre los dos bloques. Los conservadores intentaron sustentar en secreto sus contactos con la extrema derecha, pero los radicales se esmeraron en no mantenerlos ocultos. Ulf Kristersson, el líder conservador, aspira a formar un gobierno de coalición exclusivamente con los democratacristianos y con el apoyo parlamentario de DS y los liberales, pero estos últimos igualmente reclaman un ocupación —se han interesado por Educación— si acaban formando un Ejecutante de derecha que no incluye a los radicales. Tanto los conservadores, como los democratacristianos y los liberales han empeorado sus resultados respecto a las elecciones de 2018. Para ser juramentado como Primer Ministro no es necesario tener una mayoría absoluta de votos a beneficio, pero sí que no se suman 175 votos en contra.

Los altos cargos de DS son conscientes de que los liberales no van a estar dispuestos a formar un gobierno que incluya a las cuatro fuerzas del bando de la derecha. Saben que es probable que ni siquiera apoyen un Ejecutante en el parlamento en el que los radicales tengan un ocupación. Y la extrema derecha ya estudia la posibilidad de quedarse al beneficio y exigir desde sus escaños que se aprueben algunas de sus propuestas. Lynus Bilund, dirigente de Salita de DS, ha señalado este martes que la entrada de su formación en el futuro Gobierno es un «punto de partida para las negociaciones», no un «ultimátum». Akesson ha hecho campaña sobre su intención de expulsar a todos los extranjeros que cometan alguna infracción, castigar la mendicidad o demoler barrios que la policía ha calificado de «stop aventura», todos ellos con una suscripción concentración de inmigrantes.

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Jimmie Akesson, el líder de los Demócratas de Suecia, celebra el resultado de las elecciones el lunes por la mañana temprano en un hotel de Estocolmo.MAJA SUSLIN (AFP)

Si la extrema derecha finalmente reclama el cargo de primer ministro para Akesson, o incluso varias carteras ministeriales, el bando de derecha podría sufrir profundas fracturas. Algunos analistas políticos, como Jonas Hinnfors y Anders Sannerstedt, sostienen que uno de los 16 liberales que estarán en el Parlamento podría romper con su partido y apoyar al bando de izquierda. Romina Pourmokhtari, futura diputada de 26 abriles, ya ha notorio este miércoles al diario Dagens Nyheter que con su escaño no permitirá la formación de un gobierno que incluya a la extrema derecha.

Tras las elecciones parlamentarias de hace cuatro abriles, los partidos de derecha igualmente tenían mayoría en el Riksdag, pero luego no hubo negociaciones entre ellos para venir a un acuerdo. Un cordón taza a los extremistas, que habían establecido abriles detrás todas las demás fuerzas políticas, acabó con las opciones de los conservadores y permitió el salida de un Gobierno de coalición entre socialdemócratas y verdes, tras más de cuatro meses de negociaciones. Aquella rotunda negativa a cualquier contacto con la extrema derecha se fue disipando con el paso de los meses. La única formación a la derecha de los socialdemócratas que ha mantenido en todo momento su firme competición a los radicales ha sido el Partido del Centro. Los centristas, que formaron parte del gobierno de coalición con conservadores, liberales y democratacristianos entre 2006 y 2014, se pasaron al bando de izquierda en estas elecciones.

Todas las encuestas que se publicaron en la recta final de la campaña, y las encuestas a boca de fanal, dieron al bando de izquierda (socialdemócratas, excomunistas, centristas y ecologistas) una ligera delantera sobre sus rivales. Tenían razón en que el Partido Socialdemócrata -ganador de todas las elecciones en el país escandinavo desde hace más de 100 años- sería claramente el partido con más apoyo. El partido del primer ministro ha obtenido el 30,4% de los votos, mejor resultado que hace cuatro abriles (28,3%), y ha sido la fuerza más votada en las 21 regiones del país nórdico. Los escaños ganados por los socialdemócratas (107) y los conservadores (68) suman el figura mágica de 175, por lo que algunos analistas han planteado la posibilidad de una gran coalición al estilo germano. Kristersson ha defendido toda la campaña que la derecha tuvo que unir fuerzas para expulsar a Andersson del Gobierno, por lo que esta opción no parece tener mucho trayecto de momento.

Al aparición de la recorrido electoral del domingo, a algunos de los ocho principales partidos políticos no se les garantizaba que obtendrían el 4% de los votos, el imperceptible requerido para ingresar al Parlamento. Los liberales (4,6 %), los verdes (5 %) y los demócrata cristianos (5,4 %) lo han superado por poco. Los izquierdistas y los centristas han quedado empatados en la cuarta posición con el 6,7% de los apoyos.

La campaña electoral se centró principalmente en temas relacionados con la inmigración y la delincuencia, temas que en principio favorecieron a los partidos de derecha. Dos temas que habían dominado la política sueca durante los meses previos, la futura adhesión a la OTAN y la arriesgada organización durante la pandemia del coronavirus (que dejó a Suecia con una guarismo de muertos por cada 100.000 habitantes similar a la media europea, pero muy superior a la de sus países nórdicos). vecinos) quedaron prácticamente excluidos del debate político.

En las elecciones de 2018, tres escaños fluctuaron entre los resultados provisionales al final de la recorrido electoral y los definitivos. Y en 1979, el voto en el foráneo revirtió la delantera de poco menos de 10.000 votos que tenía la alianza liderada por el socialdemócrata Olof Palme sobre el bando conservador. En esta ocasión, a descuido de contarse unos cuantos miles de votos, solo un escaño ha cambiado de manos entre la mañana del lunes y el final del recuento: los socialdemócratas lo han perdido a beneficio de los moderados.

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