El Papa ha intervenido personalmente para darle la dorso a uno de los casos de pederastia más sonados en la Iglesia española, el del colegio Opus Dei Gaztelueta de Leioa, Bizkaia ―con un profesor condenado en firme por el Tribunal Supremo, pero torpe por la Iglesia― , y ha metódico reabrirlo y que la honestidad eclesiástica lo vuelva a investigar. La comunidad de la beocio, que averiguación honestidad desde 2013, siempre denunció que la investigación eclesiástica, que en 2015 interpuso la denuncia, fue «negligente, tramposa y totalmente contraria a lo que predica la Iglesia», según el padre de la beocio, Juan Cuatrecasas. Antiguamente del verano su hijo escribió al Papa para pedirle que reabriera el caso y el pontífice respondió con una carta manuscrita, fechada el 12 de agosto y ahora conocida, adelantada por eldiario.es, en el que es claro y persuasivo: “Ya se ha terminado el estudio de todo el material que había aquí. Por lo que parece a primera traza es necesario rasgar el proceso. Se realizará una reunión para lanzarse. Entonces nombraré el tribunal que llevará a extremidad el entendimiento. Te mantendré informado».

Cuatrecasas, actualmente diputada del PSOE, se ha convertido con el tiempo en uno de los rostros más conocidos en la lucha contra los abusos en la Iglesia y ha fundado la asociación Infancia Robada. Ha recibido la notificación con «gran satisfacción»: «Llega muy tarde, desde mayo de 2011 cuando empezamos con esta historia, cuando nos lo contó nuestro hijo, pero esta rectificación del Papa es una satisfacción, porque no la entendió». Que con una sentencia final el Vaticano siguiera defendiendo a un pedófilo como cristiano, porque yo todavía me considero cristiano, me resultó increíble.

El profesor José María Martínez Sanz fue condenado en 2018 por la Audiencia de Bizkaia a 11 primaveras de prisión por atropellar sexualmente de esta alumna en los cursos 2008-2009 y 2009-2010, cuando la beocio tenía 12 y 13 primaveras. Seguidamente, la Corte Suprema redujo la sentencia a dos primaveras. Ya en 2018 se cerró la escuela en lado y el director, Imanol Goyarrola, se negó a aceptar la sentencia: «Me dicen que tengo que disculparme, pero no puedo». «No comparto la sentencia», dijo. “El relato del beocio no es plausible”. Esta ha sido siempre la proposición del Opus Dei, sustentada en la valentía de la Congregación para la Doctrina de la Fe, el víscera disciplinario vaticano, presidido por el jesuita gachupin Luis Ladaria, que en 2015 archivó el caso.

Para la comunidad fue un falleba en aparente. “En verdad no se abrió ningún procedimiento, nunca hubo un proceso canónico como tal, solo enviaron a un sacerdote, Silverio Nieto, que se reunió con mi hijo, pero sin abogado, diciendo solo que fue un cruce emotivo, y se puso una trampa para que obtenga información de usted. Le hizo dibujar un planisferio de la terreno y luego fue a la escuela a cambiarlo todo. Luego lo archivaron diciendo que el testificación no era plausible”, cuenta Cuatrecasas. Silverio Nieto es un extraño plomero de la Iglesia, ex policía y ex magistrado, con conexiones con la política, que ha actuado como detective oficioso en algunos casos de pederastia clerical. Amigo del exministro del Interior Jorge Fernández Díaz, incluso apareció como intermediario entre los implicados en la trama del caso Cocina. Su investigación es la que determinó el archivo del caso, avalado por el Vaticano, que incluso pidió restaurar el buen nombre del profesor. Todo el proceso ha sido ahora desautorizado por el Papa.

Esta valentía del pontífice se enmarca incluso en su fresco maniobra para acortar el poder del Opus Dei. A motu proprio (documento papal) del pasado agosto, titulado anuncio carisma tuendum (Para proteger el carisma), redujo el poder y la independencia de la Obra internamente de la Iglesia y degradó a su prelado, que ya no tendrá el cargo de mitrado y no podrá admitir anillo ni aderezos episcopales.

El Opus Dei nunca ha pedido disculpas por los abusos a la comunidad, ni siquiera a posteriori de la sentencia definitiva del Tribunal Supremo. Cuatrecasas lo exigió formalmente, con la sentencia en la mano y, dando la dorso a las conclusiones del Vaticano, para restaurar el buen nombre de su hijo. Pero el prelado del Opus Dei, Fernando Ocáriz, respondió por carta que «tanto el colegio Gaztelueta como un representante de la Santa Sede (el prefecto Ladaria) sacaron conclusiones que no se corresponden con las de la honestidad civil». Por eso continuó sin disculparse y se limitó a opinar: «Una vez que la honestidad civil se ha pronunciado, sólo queda aceptar la verdad legislativo, sin más consideraciones».

Si conoces algún caso de tropelía sexual que no haya gastado la luz, escríbenos con tu denuncia a abusos@elpais.es. Si es en Latinoamérica, puedes escribir a abusesamerica@elpais.es

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