La rivalidad cada vez más enconada entre Estados Unidos y China está a punto de prosperar un poco más. En un dominio de competición fundamental y donde la primera potencia aún mantiene una clara preeminencia: los semiconductores. Washington planea imponer nuevas restricciones al uso de sus productos para evitar que Pekín los utilice para desarrollar su propia tecnología o en áreas estratégicas como las supercomputadoras o las armas de última vivientes.

La Casa Blanca podría anunciar las medidas esta semana, según filtraciones de altos funcionarios en medios estadounidenses. Este es un momento particularmente inoportuno para China: el cíclope oriental se encuentra en medio de su período de asueto por el día franquista, y a solo un par de semanas del congreso quinquenal del Partido Comunista en el que el presidente Xi Jinping será designado para cinco más. primaveras, por lo menos, de mandato.

La idea, según filtraciones, es imponer restricciones a otras empresas chinas similares a las que la agencia de Donald Trump decretó a Huawei, el cíclope tecnológico con sede en Shenzhen, hace tres primaveras, a través de la convocatoria «regla de producto directo en el foráneo». o FDPR. Esta regla, que Washington asimismo ha adaptado a las empresas rusas tras la lucha en Ucrania, prohibiría a cualquier empresa del mundo entregar a compradores chinos productos que hayan utilizado cierta tecnología, maquinaria o software estadounidense.

En concreto, quedaría prohibida la liquidación a empresas o particulares chinos de semiconductores que se utilicen en superordenadores, en equipos militares o en inteligencia sintético para el avance de sistemas de vigilancia de la población. Si Estados Unidos perdiera su posición de liderazgo en esta dominio, «pondría en oneroso peligro» la seguridad franquista y dañaría sectores de la peculio del país, según un documentación de la Agencia de Seguridad Doméstico de 2016. Y episodios como un avión hipersónico de prueba de misiles el año pasado muestran que China ya rivaliza y supera a Estados Unidos en áreas líderes de tecnología marcial.

Los planes del Gobierno estadounidense asimismo vetarían el suministro a empresas chinas de las herramientas para imaginar semiconductores avanzados, un sector extremadamente especializado en el que las estadounidenses Synopsis y Cadence -junto con la alemana Siemens (Mentor Graphics) o la holandesa ASML- ostentan una décimo gran parte del mercado. Y las empresas chinas estarían incluidas en el serie de entidades, una serie negra de empresas a las que Washington impone restricciones a la exportación de productos.

La aplicación de estas restricciones causó un enorme perjuicio a Huawei, que de la indeterminación a la mañana vio cómo perdía el entrada a tecnología imprescindible para el avance de su negocio. Pero, al mismo tiempo, asimismo obligó a la empresa a desarrollar sus propias alternativas: hoy tiene su propio sistema eficaz, Harmony.

Ese impacto de Estado de la Despacho Trump acabó asimismo de convencer a Pekín de que Estados Unidos estaba decidido a intentar contener el creciente poderío chino. Que era necesario aislar su peculio, y su tecnología, de la dependencia de fuentes extranjeras y especialmente de su rival. Desde entonces, Pekín ha redoblado esfuerzos para desarrollar su propia industria de semiconductores, y sus planes económicos a corto y medio plazo contemplan convertir al cíclope oriental en un centro de innovación, para certificar su autonomía tecnológica y entregar sus productos en el foráneo. compitiendo con los EE.UU.

Poco que Washington no está dispuesto a permitir. Ni que China se convierta en fuente de suministro de incorporación tecnología para otros países, ni que pueda utilizar esa tecnología en armas de última vivientes.

Preeminencia sobre generaciones

El progreso que China ha rematado a lo desprendido de los primaveras ha hecho saltar algunas alarmas en Estados Unidos. SMIC, uno de sus gigantes de semiconductores, ya está produciendo chips de 7 nanómetros, un logro esencia, a pesar de las restricciones en su entrada a los equipos para fabricarlos.

La Despacho del presidente Joe Biden ya había precoz su preocupación. En septiembre impuso nuevas restricciones a las inversiones de empresas estadounidenses en el extranjero, en una medida enmarcada pensando en China. En un discurso el mes pasado, el asesor de seguridad franquista, Jake Sullivan, señaló que «sobre los controles de exportación, debemos retornar a examinar la premisa de larga data de prolongar ventajas ‘relativas’ sobre nuestros competidores en ciertas tecnologías esencia». .

Esa premisa, que preveía prolongar una preeminencia de sólo «un par de generaciones» en su producción, ya no es sostenible, según el detención funcionario. “Dada la naturaleza primordial de algunas tecnologías, como los chips de memoria, debemos prolongar una preeminencia lo más egregio posible”, insistió.

Si se implementan las restricciones, serán las medidas más duras contra la industria china de semiconductores, superconductores y grandes bancos de almacenamiento de datos. Un dominio que ha crecido enormemente en el cíclope oriental, con regiones enteras, como Guizhou, que aspiran a especializar su peculio en torno a estos servicios.

En muchos casos, estas supercomputadoras se utilizan con fines inocuos, desde la gobierno de servicios de emergencia hasta el seguimiento de pandas salvajes en las montañas de Sichuan, en el centro de China. En otros, pueden ser utilizados para desarrollar sistemas de vigilancia de la población: organizaciones como Human Rights Watch han denunciado la uso de este tipo de método en la región de Xinjiang para controlar a la minoría uigur.

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