Un buen entrevistador sabe escuchar. Y cada vez son menos, porque con tanto ruido nos hemos olvidado de escuchar al otro. Esta tinieblas descubrí para mi sorpresa que Joaquín Sánchez (medio del Betis, con seiscientos partidos disputados) sabe escuchar, y lo hace mejor que muchos presentadores. el estreno de El novato prometido, porque Joaquín es un personaje fuera del campo. Uno que caiga acertadamente, quiero sostener. Lo que proyecta carencia tiene que ver con la imagen que dan jugadores como Ramos, Piqué o Casillas. Pero el primer software no ha tenido pareja a la pico. Dabiz Muñoz casi carga el formato el día del estreno.

la premisa de El novato es muy atractivo: Joaquín tiene vida para dedicarse a la pelota y está buscando otro trabajo, por lo que en cada software lo emparejan con una celebridad para que le enseñe otras cosas. El estreno ha sido con la cocina. Y su compañero, considerado el mejor chef del mundo, que tiene todo lo que tiene de buen cocinero como insoportable. La primera parte del software es una entrevista, y la segunda parte es formarse el oficio. Me gusta mi casa es tuya (con esto tiene en popular la dirección de Javier Ruiz) para unirse con princesas del arrabal. Lo bueno (o lo malo) es que Joaquín Sánchez no parece tener afán de notoriedad. Durante cuarenta y tres minutos básicamente se ha sentado escuchando cómo Dabiz Muñoz deja a Cristina Pedroche aburrida y analfabeta cómodo. No sé si Pedroche es tan bajita como la pinta Dabiz, pero merece, creo, un mejor trato por parte de su marido. Tal vez me equivoque y todo el software sea un dispositivo para que odiemos a nuestro chef suerte. No sé.

Joaquín (izquierda) y Dabiz Muñoz, en un momento de ‘El novato’.atresmedia

En el parterre atiborrado de flores que se tira el chef, Joaquín no pone un pero. Audición, sigue la conversación y ocasionalmente cuenta una broma. Es el entrevistador consumado, incluso cuando bromea sobre la posibilidad de que le quiten una suerte a Diverxo y Dabiz Muñoz, con una sonrisa hierática, le rebate que “los hubiera metido en el congelador”.

Exactamente a la parte del software llega lo que todos queríamos ver: Joaquín cocinando. Aparentemente nunca ha frito un huevo. «He manido a mucha masa freír un huevo por primera vez», dice Muñoz. El espectador se pregunta en cuántas casas se ha colado este hombre para ver afín espectáculo más de una vez. Una vez frito el huevo, Joaquín se sienta con el equipo de Diverxo, y cada uno tiene, como las mises, un minuto de oro para sostener poco significativo. “Poco de patadita me ha donado”, dice el superior de cocina refiriéndose a Dabiz. Y de los luceros del superior salen dos puñales como los de las historietas de Bruguera. Y entonces Joaquín, que se ausentó de tanto escuchar, pone sobre la mesa la historieta del huevo. El que se quedó a medias cuando era chaval, el que su causa hizo nacer poniendo al chaval a tomar el sol en la terraza. ¡Por fin Joaquín! Y luego Dabiz le da instrucciones al futbolista para que haga unas lentejas —y nos apuntamos todos en casa— y se las sirven para… ¡sorpresa! Su mujer y sus hijas mientras toca, de todas las bandas sonoras que tenía para nominar, la de Forrest Gump. El culminación del software, por alguna razón que se me escapa, es un anuncio de Casa Tarradellas.

Mira… la idea de The Rookie era buena. Pero que la próxima vez, con Rosario Flores, haya un poco más de alegría, que esto ha sido como cuando vas a una fiesta y el especie intenso se dedica a representar sus propios poemas.

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