«¡¿Por qué?!», la voz de un padre cuya vida se ha detenido en ese momento resuena frente a las paredes ennegrecidas. Una acceso en el sótano de su edificio en la plaza madrileña de Alcorcón ha perfecto este jueves con la vida de su hijo viejo, de cinco abriles, por inhalación de gases tóxicos. El hermanito, de nueve meses, y su hermana, permanecen hospitalizados en condición estable pero moribundo por el mismo motivo. El padre, atendido por los psicólogos de Summa y rodeado de cuatro familiares, se pregunta cómo ha podido ocurrir poco así. A su más o menos, todo avanza para esclarecer lo sucedido. Todo indica que la acceso se produjo por una rotura en las obras de uno de los sótanos comerciales del edificio en el que vive la clan. Otros 15 residentes han sido atendidos, pero su estado no es moribundo.

Alrededor de las siete y cuarto de la tarde, una densa humareda negra se ha extendido por los soportales de este edificio y ha subido a las plantas superiores. Del interior de uno de los locales han saliente llamas y se ha colado humo por todos los recovecos de este edificio y los que lo rodean. El director del equipo de bomberos que se ha encargado de la intervención, Raúl Esteban, ha detallado que lo que ha provocado esta montón negra ha sido el material de insonorización de la planta descenso comercial que se estaba utilizando durante las obras. Esteban ha señalado que las primeras llamadas avisaban de que los trabajadores habían «pinchado una tubería de gas». Cuando los bomberos han llegado al extensión, el fuego ya estaba «congruo desarrollado». «El humo, lamentablemente, se ha movido por el hueco de la escalera» y todas las casas «estaban inundadas de humo». “Cuando llegamos, casi todos intentaban salir de sus casas, por eso hay muchos heridos por inhalación de humo y hemos tenido que destinar muchos medios para rescatar a la muchedumbre. Se podría sobrevenir evitado si hubieran cerrado las puertas”, lamentó.

La mayoría de los residentes han sido desalojados y han estado esperando que se les permita regresar a sus hogares en la rotonda frente al edificio. Entre ellos estaban Isabella y Mónica, hermana e hija, que en el momento de la acceso acababan de salir del cochera camino del supermercado. Cuando casi nada daban la reverso a la rotonda, vieron el humo desafortunado y la pupila corrió a su casa a sacar al perro para que los gases no la afectaran. Luego de eso, volvió a subir por segunda vez para cerrar las ventanas de la casa y fue entonces cuando vio como los bomberos cargaban a un párvulo en chándal sombrío en brazos. “El humo se ha esparcido por todos lados, todo ha sido muy rápido”, dice la pupila.

Bomberos organiza a los vecinos tras la acceso en un específico de Alcorcón.

DAVID EXPÓSITO

Inmediato a él, Vanidoso y Maribel esperan ver a su hijo. “Hace 11 meses se entregaron estos pisos a los vecinos, en enero terminé unas reformas que quería en la casa. Ahora estamos esperando que nos diga que puede salir, lo tienen en la carpa haciendo pruebas”, explica el padre. A lo remotamente, en una pequeña estructura, los sanitarios acababan de realizar pruebas a algunos vecinos para comprobar su estado. La policía ha acordonado un amplio perímetro entre la entrada de la etapa de Renfe de Las Retamas y las calles cercanas a la acceso. Poco posteriormente de la acceso, los bomberos han itinerario los suelos para comprobar los niveles de toxicidad.

“Estas son las intervenciones más duras, las de los niños”, reconoció un elemento de Summa 112 conexo al extensión de la acceso. A su más o menos, muchos bomberos manchados y con rostros contorsionados se apoyaban en los vehículos y se abrazaban unos a otros. “Mal, muy mal…”, alcanzó a decirle uno de ellos a un compañero mientras éste negaba con la inicio. Los psicólogos del Summa han acudido al extensión desde el primer momento, para dar apoyo a los afectados. “Ahora solo puedes dejar que te saquen todo”, comentó uno de estos profesionales. “Los tres estaban en parada cardiorrespiratoria, no hemos podido hacer cero por el párvulo aunque lo hemos intentado todo. Ahora habrá que memorizar por qué ha afectado más a ese firme”, indicó un miembro del equipo de Emergencias.

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Sobre las diez de la perplejidad, los bomberos han dejado entrar en sus casas a algunos vecinos, mientras que otros se han alojado en hoteles o se han instalado con familiares y amigos. Con un altavoz llamaban por manzanas para organizar a los cientos de vecinos que viven en estos edificios que forman una gran manzana interior. “En ese extensión iban a brindar un restaurante, llevaban tiempo construyendo. He notado el humo, pero hasta que mis bomberos han llamado a la puerta no he saliente”, cuenta Marta, una vecina, mientras calma oír el número de su casa por el amplificador.

A algunos de los residentes se les ha permitido entrar para acoger a sus mascotas. Dos de ellos han saliente del portal con sus gatos, uno castaño y otro blanco. Duffy, un perro envuelto en una edredón metálica de los servicios de Emergencia, a cuyo flanco lloraba su dueño, no ha sobrevivido.

Con los vecinos ya reubicados, comienza la investigación. Dos policías vigilan desde la puerta del específico donde ha comenzado todo el interior, completamente calcinado. Con sus pequeñas linternas apuntan y apuntan a un punto, quizás el extensión donde todo se ha originado. Las arcadas han sido completamente arrasadas y quemadas y el olor a gases aún impregnaba el circunstancia bordeando la medianoche. Cuando todos los vecinos se han ido, decenas de botellas de agua han sido esparcidas por las aceras. Una perplejidad oscura en Alcorcón, donde el tiempo se ha paralizado para una clan.

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