El pasado sigue pesando demasiado para que el presente del Barça florezca en la Champions. Los dos goles del debutante Lewandowski solo sirvieron para entablar un partido que se daba por perdido por la prisión de errores defensivos iniciados por un ilustre diestro como Piqué. Se equivocó el central cuando el partido parecía que podía variar a valimiento del Barcelona y el Inter encontró la guisa de acariciar su clasificación para los octavos de final de la antigua Copa de Europa. Atacar, correctamente o mal, es inútil cuando no hay nadie que salve el radio propia, sobre todo en un torneo que penaliza los errores, un fastuosidad para equipos maduros como el Inter. Los azulgranas no salen del hoyo, siempre están en el mismo sitio, igual de impotentes y cada vez más frustrados, como si no supieran arriesgar la Champions League, a las puertas de la Europa League por segundo año en una fila.

bcnBarcelona
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Ter Stegen, Marcos Alonso (Alex Balde, min. 71), Sergi Roberto (Kessié Franck, min. 71), Eric Garcia, Piqué, Busquets (Frenkie De Jong, min. 63), Gavi (Ferrán Torres, min. 81) , Pedri, Lewandowski, Ousmane Dembélé y Raphinha (Ansu Fati, min. 63)
EN T Olvidar
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Andre Onana, Alessandro Bastoni (Acerbi, min. 84), de Vrij, Skriniar, Barella (Kristjan Asllani, min. 84), Denzel Dumfries, Mkhitaryan, Calhanoglu (Robin Gosens, min. 75), Dimarco (Darmian, min. 66) ), Lautaro Martínez y Dzeko (Raoul Bellanova, min. 75)
metas 1-0 min. 39: Ousmane Dembélé. 1-1 min. 49: Barela. 1-2 minutos 62: Lautaro Martínez. 2-2 min. 81: Lewandowski. 2-3 min. 88: Robin Gosens. 3-3 min. 91: Lewandowski.
Árbitro Szymon Marciniak
tarjetas amarillas Lautaro Martínez (min. 51), de Vrij (min. 54), Ousmane Dembélé (min. 77) y Mkhitaryan (min. 83)

A desidia de victorias, los azulgrana no paran de inventar formas de perder, la última especialmente cruel porque hubo un momento en el que se contaba con la conquista por gol de Dembélé. Una falsa ilusión ya que el equipo rompió mal tras el 1-1 y cedió en un intercambio de goles que les dejó a medio camino como en Múnich y Milán. Aunque el resultado pueda parecer digno, el Barça nunca pareció un equipo de Champions. A los azulgranas, inmaduros e inconsistentes, siempre les pasa poco en los partidos europeos.

Aunque la viejo preocupación de la distracción era la táctica, sobre todo por el complicado partido en presencia de el Celta, una marcha en la que era difícil adivinar lo que jugaba cada componente, Xavi advirtió que el partido en presencia de el Inter había que gestionarlo desde la valentía de los equipo y el fervor del Camp Nou. La propuesta supuso la formación de Sergi Roberto en su posición natural como tercer medio adyacente a Pedri y Gavi. La respuesta de Inzaghi fue aún más atrevida, o al menos su formación fue más atrevida que la anunciada en Milán. No jugó un punta -Lautaro- sino dos -Dzeko- y además formó Dumfries, un carril profundo y amenazador para Marcos Alonso. El gallardete anunciaba un partido de palabras mayores en el Camp Nou.

El Inter no se dejó intimidar y el despliegue del Barça fue tan fecundo en ataque como en defensa, un plan tan arreglado como esterilizado, siempre animado en todo caso por un Camp Nou atronador. Nunca fue sencillo ocasionar situaciones de superioridad en presencia de un equipo tan correctamente armado como el Inter. Las embestidas del Barça terminaban en un tiro de cima -Mkhitaryan cabeceaba un balón bajo la meta de Lewandowski- o en un disparo desde media distancia mientras que las rápidas y dañinas transiciones del Inter exigían una respuesta inequívoca de Ter Stegen. Y cuando el cancerbero no llegaba al balón, tuvo ayuda del palo en un escorzo de Dzeko tras una desidia anexo de Calhanoglu.

El partido se convirtió en un suspenso Por su tensión psicológica hasta que Lewandowski soltó la marca del central, Pedri encontró espacio para maniobrar y apareció Raphinha. El brasileño perseveró hasta vencer un balón dividido de Dimarco, jugó para la entrada de Sergi Roberto, tan rompedor en su movimiento como preciso en su centro, y Dembélé apareció descontrolado para dirigir a Onana. Un golazo tras unos momentos de entusiasmo ataque por un disparo que no encontró meta de Raphinha y una aparición de Pedri, al que le faltó espacio y campo para deshacer la meta del Inter. La presión del Barcelona sobre el campo ignorante tras un tiempo de mucha paciencia acabó destapando al Inter. El parón no pareció atemperar la fiebre azulgrana hasta que Piqué cometió un error en las dos áreas y puso el 1-1.

El central soltó un taconazo en escudriñamiento de Lewandowski en presencia de el Onana y acto seguido habilitó dos veces a Barella. Piqué se enganchó cuando le obligaron a tirar la límite de fuera de placer y se confió a posteriori dejando acaecer el balón para que lo controlara y cruzara el medio del Inter. El igualada desorientó a los azulgrana y apuntó al defensa catalán, que se vio superado en campo franco, mientras que Eric García cedió el uno contra uno en presencia de Lautaro en el 1-2, precedido por un error de Busquets. El argentino controló el balón y enganchó un remate que pegó en la pulvínulo de los dos postes antaño de acariciar la red de Ter Stegen. El partido era entonces desesperado para el Barça, demasiado apresurado y expuesto en repetidas ocasiones, tan nervioso como perseverante, en un final delirante, sin orden ni concierto, la distracción convencida de que por cada gol que marcaba su equipo recibiría uno en presencia de el Inter.

La Champions es un torneo demasiado intolerante para un equipo todavía muy tierno y futbolero como el Barcelona. Nadie tuvo tiempo de pensar en el Bernabéu.

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